lunes, 3 de septiembre de 2012

EL PAPA PROMUEVE EL LATÍN PARA SU USO EN LA IGLESIA Y EN EL MUNDO CIVIL CON UN NUEVO MOTU PROPRIO




El Papa Benedicto XVI busca volver a difundir el idioma propio de la Iglesia Católica, el que usaron San Agustín y Santo Tomás: el Latín. Y no sólo dentro de la Iglesia, sino también en la sociedad civil y en la escuela.

LATÍN PARA TODOS
Ello se realizará mediante un nuevo “motu proprio” «Foveatur lingua latina» por el cual será instituida la nueva Pontificia Academia Latinitatis.
Hasta el presente, ha sido la fundación “Latinitas”, un organismo de la Secretaría de Estado, la encargada de mantener vivo el Latín, publicando una revista homónima y organizando el concurso internacional “Certamen Vaticanum” de poesía y prosa latina, esta fundación se ha ocupado de traducir al latín un enorme corpus de términos modernos, tal como lo hace la Real Academia Española con su Diccionario Castellano.
La creación de la Pontificia Academia Latinitatis será la doceava, y ha sido confirmada por una carta que el cardenal Gianfranco Ravasi, presidente del Pontificio Consejo de la Cultura, envió a don Romano Nicolini, un sacerdote de Rímini que milita en la causa de que las clases de latín vuelvan a las escuelas secundarias italianas, según Andrea Tornielli, de lo cual informa el blog catolicidad-catolicidad.
Según la fuente, Ravasi recordó que la iniciativa de la Academia es un deseo «del Santo Padre» y que será promovida por el dicasterio vaticano que se ocupa de la cultura: formarán parte de ella «eminentes estudiosos de diferentes nacionalidades, con la finalidad de promover el uso y el conocimiento de la lengua latina, tanto en el ámbito eclesiástico como en el ámbito civil y, por lo tanto, escolar». Una forma para responder, concluye el cardenal en su carta, «a numerosas peticiones que nos llegan desde diferentes partes del mundo».

DESAPARECIÓ EL LATÍN
Han pasado 50 años desde que el beato Papa Juan XXIII, en el umbral del Concilio, promulgó la constitución apostólica “Veterum sapientia” para definir al latín como lengua inmutable de la Iglesia y subrayar su importancia, por lo que pedía a las escuelas y universidades católicas que lo volvieran a incluir en el caso de que lo hubieran cancelado o reducido en los programas escolares.
El Vaticano II había establecido que se mantenía el latín la Misa, pero la reforma litúrgica postconciliar abolió de hecho todas sus huellas en el uso común.
Así, mientras que hace 50 años los prelados de todo el mundo lograban entenderse hablando el idioma de Cicerón y de San Jerónimo, y los fieles mantenían un contacto cotidiano semanal con él, hoy en la Iglesia el latín es completamente desconocido incluso por sacerdotes y Obispos; y son muchos ámbitos laicos los que muestran interés para promover esta iniciativa.
El latín ha quedado para latinazgos jurídicos, para enseñar el Derecho Romano en el nombre de algunas de sus instituciones, y para ciertos ámbitos eclesiásticos reducidos.

NEOLOGISMOS LATINOS
A su vez, en el Vaticano siguen trabajando los estudiosos que proponen neologismos para traducir las encíclicas papales y los documentos oficiales.
Un trabajo bastante arduo fue la traducción al latín de la última encíclica de Benedicto XVI, la “Caritas in veritate” (julio 2009), dedicada a las emergencias sociales y a la crisis económico financiera. Algunas decisiones de los latinistas de la Santa Sede fueron criticadas por “La Civiltà Cattolica”, la prestigiosa revista de los jesuitas, que consideró discutibles las traducciones de algunos términos, como «delocalizatio», «anticonceptio» o «sterilizatio», pero que también apreció las traducciones «plenior libertas» para liberalización y «fanaticus furor» para fanatismo. Entre las curiosidades, están las expresiones «fontes alterius generis» para traducir fuentes alternativas, y «fontes energiae qui non renovantur» para los recursos energéticos no renovables.
«El latín educa para estimar las cosas bellas –explica Nicolini, que difundió en las escuelas secundarias italianas 10 mil copias de un opúsculo gratuito de introducción a la lengua latina y que está difundiendo el llamado para que vuelva a circular entre las materias escolares– y también nos educa para dar importancia a nuestras raíces».

DOS CORRIENTES
Entre los que se ocupan de renovar el léxico latino para poder comunicar en nuestros días usando la lengua de Virgilio se encuentra don Roberto Spataro, de 47 años, profesor de Literatura cristiana antigua y secretario del Pontificium Institutum Altioris Latinitatis, que instituyó Pablo VI en la actual Universidad Pontificia Salesiana de Roma.
«¿Cómo traduciría “cuervo”? Me esperaba esta pregunta... Bueno... diría: “Domesticus delator” o “intestinus proditor”», responde el sacerdote.
También explica cómo nacen los neologismos latinos: «Existen dos corrientes de pensamiento.
La primera, que se podría definir “anglosajona”, considera que antes de crear un neologismo para traducir palabras modernas hay que buscar entre todo lo que se escribió en latín a lo largo de los siglos, y no solo en latín clásico.
La otra corriente, que por comodidad definiré “latina”, considera que podemos ser más libres al crear una circunlocución que transmita bien la idea y el significado de la palabra moderna, pero manteniendo el sabor del latín clásico ciceroniano».

TRADUCTORES
Spataro pertenece a la segunda corriente e invita a «hojear la última edición del “Lexicon recentis latinitatis”, editado por don Cleto Pavanetto, excelente latinista salesiano, y que fue publicado en 2003, con más de 15.000 vocablos modernos traducidos al latín».
Por ejemplo, fotocopia se traduce como “exemplar luce expressum”, billete se convierte en “charta nummária”, básket-ball “follis canistrīque ludus”, best-seller es “liber máxime divénditus”, los pantalones de mezclilla son “bracae línteae caerúleae” y un gol es “retis violátio”.
Los “hot pants” se convierten en “brevíssimae bracae femíneae”, el IVA se traduce como “fiscāle prétii additamentum”, la “mountain bike” es “bírota montāna”, el paracaídas es “umbrella descensória”.
En el “Lexicon” faltan las referencias a la red. «Efectivamente, no las hay –explica don Spataro–, pero en los últimos nueve años entre los que escriben y hablan en latín se han acuñado nuevas expresiones. Así, internet es “inter rete” y la dirección de correo electrónico, “inscriptio cursus electronici”».

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